La eficiencia energética está dejando de ser una cuestión vinculada exclusivamente al ahorro en la factura o al impacto medioambiental para convertirse en un factor que puede influir cada vez más en el valor de una vivienda. La nueva Directiva europea de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD) acelera este cambio y obliga a los Estados miembros a establecer medidas para reducir el consumo energético de su parque residencial.
La Directiva (UE) 2024/1275 establece una reducción del consumo medio de energía primaria del parque residencial de al menos un 16% en 2030 y de entre un 20% y un 22% en 2035 respecto a 2020. Al menos el 55% de esta reducción deberá proceder de la renovación de los edificios residenciales con peor comportamiento energético.
“Una vivienda eficiente no consiste simplemente en instalar sistemas que consuman menos. Se trata de diseñar casas que necesiten menos energía para ofrecer mejores condiciones de confort”, explica Guillermo Santos, arquitecto director en ÁBATON, estudio de arquitectura, interiorismo y paisajismo con más de 500 proyectos realizados.
MÁS DEL 80% DEL PARQUE EXISTENTE NO SUPERA LA CALIFICACIÓN E
El reto para España es especialmente relevante por las características de su parque inmobiliario. Según el último informe del IDAE y el Ministerio para la Transición Ecológica sobre certificación energética de los edificios, correspondiente a diciembre de 2022, más del 80% de los certificados de edificios existentes se situaban en las letras E, F o G.

El contraste con la vivienda nueva es significativo: de los 144.761 certificados acumulados analizados en el informe, más del 80% correspondían a las categorías A, B o C, mientras que las calificaciones F y G apenas representaban el 1,6%.
Esta brecha entre el parque existente y los nuevos estándares de construcción puede hacer que la eficiencia energética gane progresivamente peso como criterio de valoración de los inmuebles.
“Hasta ahora, factores como la ubicación, los metros cuadrados o la calidad de los acabados tenían un peso evidente a la hora de valorar una vivienda. La eficiencia energética va a adquirir cada vez más importancia. Una casa que necesita menos energía para calentarse o refrigerarse y que aprovecha correctamente su orientación y ventilación tendrá una ventaja real frente a otra que consume más para alcanzar el mismo confort”, señala Javier de Montero, arquitecto director en ÁBATON.
EL DISEÑO PUEDE REDUCIR LA DEPENDENCIA DE LA TECNOLOGÍA
Orientación, aislamiento, ventilación cruzada, protección solar, inercia térmica y elección de materiales son algunas de las decisiones arquitectónicas que pueden determinar el comportamiento energético de una vivienda durante décadas.

Un ejemplo de este planteamiento es Casa Arces, en Aravaca, donde se combinan una estructura de madera CLT con patios interiores que favorecen la ventilación cruzada, sistemas de climatización de bajo impacto y una orientación que permite aprovechar la radiación solar durante los meses de invierno.
“La arquitectura debe conseguir buena parte del resultado antes de que entren en juego los sistemas activos. Una casa bien orientada, bien aislada y correctamente ventilada puede ofrecer mucho confort utilizando mucha menos energía”, apuntan los responsables de ÁBATON.
La nueva regulación europea plantea así una transformación que va más allá del cumplimiento normativo: la sostenibilidad empieza en el diseño de la vivienda, desde su orientación y relación con el entorno hasta los materiales y sistemas utilizados, para conseguir que necesite menos recursos durante toda su vida útil.




