Trabajar en bañador y decidir el futuro de una startup mirando al Mediterráneo puede sonar a fantasía. Para Decelera es, desde hace diez años, una fórmula que funciona. El primer decelerador de startups del mundo ha construido, edición tras edición en Menorca, un historial que respalda su forma, tan distinta, de acompañar a los founders: la mortandad entre sus participadas se reduce prácticamente a la mitad frente a la media europea.
A lo largo de todas sus ediciones en Menorca, alrededor de 200 startups han pasado por el programa de Decelera. De ellas, 33 han recibido inversión y, de esas 33, solo 4 han dejado de operar. Es decir, casi 9 de cada 10 compañías del portfolio siguen vivas hoy. En un ecosistema donde emprender suele equivaler a sobrevivir a marchas forzadas, Decelera demuestra que se puede construir una startup sólida sin sacrificar la salud mental ni la claridad del equipo fundador.
Según los datos de supervivencia empresarial de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, solo el 46% de las empresas nacidas en la UE sigue activa a los cinco años. En el portfolio de Decelera, ese porcentaje sube al 88%, una diferencia notable incluso teniendo en cuenta que el dato de Eurostat abarca al conjunto de la actividad empresarial europea, no solo startups tecnológicas.
La clave está en el método que da nombre al proyecto. Frente a los aceleradores tradicionales, que empujan a los equipos a moverse cada vez más rápido, Decelera propone lo contrario: pausar, respirar y pensar con perspectiva. Su metodología, resumida en tres palabras, Breathe, Focus, Grow, estructura un programa inmersivo de siete días que reúne a un grupo reducido de founders en Menorca, lejos del ruido diario de la oficina, para que tomen las decisiones más importantes de su startup con la cabeza despejada y el mar de fondo.
Ese proceso de selección exigente, que solo da entrada a 33 de las 200 startups que han pasado por Menorca a lo largo de estos diez años, es precisamente lo que explica, según el equipo fundador, el bajo ratio de mortandad del portfolio.

“Llevamos diez años demostrando que ser founder y trabajar en chanclas, con los pies en la arena, no es incompatible con construir una compañía de éxito. Al contrario: cuando le das a un equipo el espacio para pensar con calma, toma mejores decisiones, y eso se nota en las cifras. No es magia, es método”, afirma Marcos Martín, fundador y managing partner de Decelera Ventures.

“Decelera ha sido una experiencia única que siempre voy a recordar. No es un programa más como hay doscientos mil; es una experiencia con un ADN propio y único, hecha por grandes profesionales y buenas personas, con un nivel espectacular. Esto va de respirar y replantearse cosas, de alejarte de tu película un poco y verla desde arriba para ver lo que es mejorable detrás del atrezzo. Volví con la motivación por las nubes y un saco de ideas frescas para hacer de Flipflow algo grande. Dos meses después, sigo aplicando cambios que surgieron de hilos que empecé a tirar en Menorca”, afirma Ricardo García Zorzo, fundador de Flipflow.
Decelera nació en 2014 con una convicción muy clara: que la salud del founder y la salud de la startup son la misma cosa. Diez años después, esa apuesta se traduce en un portfolio que crece más despacio, pero cae mucho menos, y en una comunidad de founders que sigue eligiendo la playa, y no la sala de reuniones, como el lugar donde tomar las decisiones que de verdad importan.




