Cada verano, un gran incendio forestal vuelve a situar el cambio climático en el centro del debate público. Sin embargo, para Sergi Simón Quintana, asesor académico de EALDE Business School, la conversación se está simplificando hasta el punto de impedir un análisis riguroso de las causas y de las soluciones: “Con frecuencia se plantea un falso dilema: para unos, cualquier incendio demuestra que el cambio climático es el único responsable; mientras que, para otros, el cambio climático no influye y todo se reduce a una mala gestión forestal. La realidad es mucho más compleja”.
Según Sergi Simón, la gestión del riesgo parte de un principio básico que es el riesgo no depende únicamente del peligro, sino también de la vulnerabilidad y de la capacidad de respuesta. Precisamente por ello, sostiene que los incendios forestales deben analizarse desde dos componentes diferentes.

Por un lado, existe un riesgo estructural, sobre el que sí es posible actuar mediante una adecuada gestión forestal, la reducción de la biomasa acumulada, el mantenimiento de cortafuegos, la planificación del territorio, la prevención o el fortalecimiento de los servicios de extinción.
Por otro, se encuentra el riesgo meteorológico, condicionado por variables como la temperatura, el viento, la humedad relativa o la duración de las olas de calor, factores sobre los que existe una capacidad de intervención mucho más limitada.
EL CAMBIO CLIMÁTICO MODIFICA LAS CONDICIONES, PERO NO EXPLICA POR SÍ SOLO LOS INCENDIOS
El asesor académico de EALDE Business School recuerda que España ya se ha calentado aproximadamente 1,7ºC desde la década de los sesenta, según datos de la AEMET, y que la práctica totalidad de los modelos climáticos prevén que la cuenca mediterránea experimente episodios cada vez más frecuentes e intensos de calor extremo y sequía: “Negar esta realidad no ayuda. Pero tampoco ayuda pensar que el cambio climático explica por sí solo lo que estamos viendo”.
A su juicio, el verdadero problema reside en que ambos componentes no se suman, sino que se multiplican. “Dos montes sometidos exactamente a la misma ola de calor pueden tener consecuencias completamente distintas dependiendo de si han sido gestionados o llevan décadas abandonados. El cambio climático incrementa el peligro; la falta de gestión multiplica las consecuencias”, mantiene Sergi Simón.
ADAPTACIÓN Y MITIGACIÓN DEBEN AVANZAR AL MISMO NIVEL
Este experto considera que el debate político apenas aborda otra cuestión fundamental como es la de si España está destinando suficientes recursos a la adaptación frente al cambio climático. Reducir emisiones, avanzar en la transición energética y cumplir los compromisos internacionales resulta imprescindible, afirma, pero recuerda que España representa aproximadamente el 0,7% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
“Eso no significa que debamos dejar de descarbonizar nuestra economía. Significa que también debemos preguntarnos si estamos invirtiendo lo suficiente en reducir nuestra vulnerabilidad”, sostiene el asesor académico de EALDE Business School. En este sentido, defiende que adaptar el territorio no supone renunciar a la lucha contra el cambio climático, sino complementarla.
Entre las medidas prioritarias Sergi Simón cita la gestión activa de los montes, la recuperación de la actividad forestal, el aprovechamiento económico de la biomasa, el refuerzo de los servicios de emergencia, la implantación de sistemas de detección temprana, la planificación de la interfaz urbano-forestal y la modernización de infraestructuras críticas: “Todas estas actuaciones reducen el riesgo independientemente de cómo evolucionen las emisiones mundiales y probablemente constituyen algunas de las inversiones públicas con mayor retorno económico para un país mediterráneo como España”.
MÁS ANÁLISIS Y MENOS IDEOLOGÍA
Para el experto de EALDE Business School, uno de los principales obstáculos es que la política climática se ha convertido en una cuestión de identidad ideológica: “Si alguien habla de adaptación, inmediatamente se interpreta que está minimizando el cambio climático. Si alguien insiste en reducir emisiones, otros lo consideran un enemigo del crecimiento económico”.
Sin embargo, recuerda que la gestión del riesgo funciona sobre criterios técnicos, sustentados en la evidencia científica, el análisis de probabilidades, el impacto esperado y la evaluación coste-beneficio. “La buena gestión consiste en identificar dónde cada euro invertido consigue reducir más riesgo. Para ello es necesario medir, comparar y priorizar”, mantiene Sergi Simón.
UN CONSENSO NACIONAL SOBRE RESILENCIA CLIMÁTICA
Desde EALDE Business School reclaman un gran consenso nacional sobre resiliencia climática que sitúe la adaptación y la descarbonización al mismo nivel de prioridad. “No porque una sustituya a la otra, sino porque ambas son necesarias. Los extremos generan titulares, pero la gestión del riesgo genera soluciones”, señala este experto.
En su opinión, los incendios forestales no entienden de ideologías ni de fronteras administrativas. Desde un punto de vista técnico, responden fundamentalmente a tres variables: el combustible disponible, las condiciones meteorológicas y la capacidad de anticipación. “Sobre las dos primeras podemos influir de forma desigual. Sobre la tercera, la responsabilidad es enteramente nuestra. Quizá haya llegado el momento de que el debate público también lo sea”, recalca Sergi Simón.




