- Tal y como se advierte desde Setesca, el verdadero impacto de la inteligencia artificial no reside en implantar más herramientas, sino en diseñar agentes optimizados para procesos concretos, bajo criterios de gobierno, seguridad y estrategia empresarial.
- Los expertos advierten de que muchas empresas están desplegando agentes de inteligencia artificial sin una estrategia de procesos ni un modelo de gobierno, lo que limita su impacto en productividad y retorno de la inversión.
La implantación de agentes de inteligencia artificial se está acelerando en las empresas, pero no siempre con los resultados esperados. Mientras la atención se ha centrado durante los últimos meses en incorporar herramientas basadas en IA generativa, los especialistas apuntan ahora a un problema creciente: muchas organizaciones están desplegando agentes inteligentes de forma aislada, sin integrarlos en los procesos de negocio ni establecer un modelo de gobierno que garantice su eficacia, seguridad y escalabilidad.
El impacto potencial, sin embargo, es considerable. Según estimaciones de Setesca, un agente de inteligencia artificial diseñado para una tarea específica y correctamente integrado en los procesos de una gran organización puede llegar a liberar hasta 150.000 horas de trabajo al año, al asumir actividades repetitivas, automatizar decisiones operativas y reducir tiempos de ejecución. Del mismo modo, en pymes, los agentes pueden mejorar un 40% el tiempo dedicado a reuniones y a tareas realizadas con herramientas ofimáticas tradicionales. El verdadero valor no reside únicamente en el ahorro de tiempo, sino en permitir que los profesionales concentren su actividad en funciones de mayor valor añadido y capacidad de decisión.
La oportunidad llega en un momento en el que la adopción de la inteligencia artificial alcanza cifras récord. El informe The State of AI 2025, elaborado por McKinsey & Company, revela que el 78% de las organizaciones ya utiliza inteligencia artificial en al menos una función del negocio, frente al 55% registrado un año antes. Sin embargo, el mismo estudio concluye que solo una parte de las compañías está obteniendo un impacto significativo sobre sus resultados económicos, debido, entre otros factores, a la falta de rediseño de procesos, integración tecnológica y mecanismos de gobierno.
En la misma línea, el AI Index Report 2025, elaborado por el Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence (HAI), señala que la inteligencia artificial avanza rápidamente en la automatización de tareas cognitivas y administrativas, aunque advierte de que el retorno depende cada vez más de la capacidad de las organizaciones para rediseñar procesos y gestionar correctamente la implantación de estos sistemas.
“Estamos viendo empresas que lanzan decenas de agentes de IA porque la tecnología está disponible, pero sin preguntarse primero qué problema de negocio deben resolver o cómo van a integrarse con el resto de la organización”, afirma Jordi Damià, CEO de Setesca. “El riesgo es acabar generando una colección de soluciones inconexas que aportan poco valor y aumentan la complejidad tecnológica”.
Según Damià, el cambio más importante no es tecnológico, sino organizativo. “Un agente de IA no debería entenderse como una herramienta más, sino como un nuevo actor dentro de un proceso empresarial. Si no existe una definición clara de responsabilidades, supervisión, calidad del dato y objetivos de negocio, el impacto sobre la productividad será muy inferior al esperado”.
Los expertos coinciden en que los agentes especializados representan la evolución natural de la inteligencia artificial generativa. A diferencia de los asistentes conversacionales, estos sistemas pueden ejecutar procesos completos, interactuar con múltiples aplicaciones corporativas, analizar información, tomar decisiones basadas en reglas previamente definidas y colaborar con otros agentes o con profesionales de distintas áreas.
No obstante, esa capacidad también exige un mayor nivel de planificación. La definición de prioridades, la interoperabilidad entre sistemas, la ciberseguridad, el cumplimiento normativo y la supervisión humana se perfilan como elementos decisivos para garantizar que la automatización genere valor sostenible y no nuevos riesgos operativos.
“Durante los próximos años la diferencia competitiva no la marcarán las empresas que tengan más agentes de inteligencia artificial, sino aquellas que sean capaces de diseñarlos para resolver procesos críticos del negocio, medir su impacto y gobernarlos adecuadamente”, concluye Jordi Damià. “La productividad no depende del número de agentes desplegados, sino de lo bien que estos trabajen dentro de la organización”.
Con la inteligencia artificial entrando en una fase de madurez, el desafío para las empresas deja de ser experimentar con nuevas herramientas y pasa a construir una arquitectura de automatización capaz de generar eficiencia, mejorar la toma de decisiones y ofrecer un retorno medible de la inversión tecnológica.
Acerca de Setesca – www.setesca.com
Setesca nace en 2007 fundada por Jordi Damià y orientada a ofrecer un servicio diferencial en sistemas de información e implantación de procesos de optimización. Pronto se convierte en un nuevo modelo estratégico de consultoría especializada en mejora de la gestión de departamentos TIC, y servicios y productos innovadores y de alta productividad. Del mismo modo, también está especializada en Gestión de Talento y soporte a la implantación de la innovación. La máxima del nuevo modelo de consultoría es la cercanía y flexibilidad a las necesidades del cliente, involucrándose directamente en los resultados esperados. Setesca ayuda a las empresas a adoptar procesos de innovación en compañías como en Seat, ICIL, Iberdrola, etc.




